"El deporte engancha, siéntete mejor día a día"
español - english

Accesos para Registrarse:

foro gana salud

comunidad de madrid

Punto de partida

  |  

¿Qué va a encontrar en esta web?

  |  

Actividad Física y Salud

  |  

Qué, para qué y por qué

La práctica de actividad física de forma regular es sin lugar a dudas uno de los principales instrumentos que el individuo tiene a su alcance para desarrollar y mantener su salud frente al modelo de vida sedentario imperante en nuestras sociedades desarrolladas.

La práctica regular de actividades físicas como hábito de vida saludable es algo epidemiológicamente comprobado y socialmente aceptado hoy en día. Los resultados obtenidos en diferentes estudios, realizados en los últimos años, han demostrado que las personas que realizan actividad física regularmente presentan una mortalidad global menor que las personas sedentarias (Paffenbarger et al., 1986; Blair et al. 1989; Salleras y Serra, 1991). Ahora bien, estas afirmaciones no implican necesariamente que la práctica de actividades físicas de forma regular sea un hecho extendido entre la población. En realidad, aún es porcentualmente escasa la cantidad de población que sigue programas regulares de actividad física.

Se ha demostrado igualmente que el ejercicio es especialmente efectivo para mejorar el estado de salud en situaciones tan específicas como la cardiopatía isquémica, la hipertensión, la obesidad, la diabetes mellitus tipo 2, la osteoporosis, la salud mental y las funciones intelectuales (Serra, 1997).

En este sentido, son muy importantes y clarificadoras las palabras de Pamela Hartijan, Directora del Dpto. Promoción de la Salud de la OMS (2000) al respecto:

"La práctica de la actividad física constituye uno de los principales triunfos de un estilo de vida saludable y de una verdadera protección y promoción de la salud. Los resultados de numerosas investigaciones indican que la actividad física regular asegura a las personas de todas las edades, tanto hombres como mujeres, unos beneficios evidentes para su salud física, social y mental, así como para su bienestar general.

La trasformación de las enfermedades, la alta población joven y el aumento de la longevidad a nivel mundial precisan del desarrollo de estrategias simples orientadas a la promoción de la salud; estrategias eficaces, seguras y económicas, como la práctica de la actividad física".

La relación entre actividad física y salud, tal como la comprendemos actualmente, se desarrolló en Estados Unidos durante la última década del siglo pasado (años 90), bajo el impulso de la comunidad de Salud Pública, es decir, The Center for Disease Control and Prevention (CDC), The American College of Sports Medicine (ACSM), The President’s Council on Physical Aptitud física and Sports y The American Heart Association (AHA), que publicaron en 1996 una Declaración de Consenso común en el Informe General del US Department of Health and Human Services (The Surgeon General US). Estos organismos emprendieron una acción política y pedagógica que tuvo como resultado la asociación de la actividad física a la salud en la enseñanza y en el ocio (Manidi, Dafflon-Arvanitou, 2002).

Años antes, en Canadá, los investigadores de este país organizaron dos importantes eventos científicos de alto nivel, las Conferencias Internacionales sobre Actividad Física, Aptitud física y Salud de 1988 y de 1992. La publicación de los trabajos presentados y de sus conclusiones (Bouchard et al. 1990, 1994) consolidó suficientemente la evidencia científica de la relación entre actividad física y salud.

Y fue en 1992, con motivo de ese importante Segundo Simposio Internacional sobre Actividad Física, Aptitud física y Salud, citado anteriormente, cuando Bouchard, Shepard y Stephens desarrollaron el modelo que asociaba la actividad física a la salud, definiéndolo como un modelo complejo que tiene en cuenta el nivel de actividad física habitual, la condición física y la salud. En 1995 el National Institutes of Health de los Estados Unidos celebró una Conferencia para el Desarrollo de un Consenso sobre Actividad Física y Salud Cardiovascular (Leon, 1997), y un año más tarde (1996) fue desarrollado el informe del CDC citado anteriormente.

Cada uno de estos eventos reforzaron la comprensión de la potente relación positiva existente entre la actividad física y la salud, y la consideración de la inactividad física de la población general como un importante problema de salud pública (Tremblay et al., 2001).

Del mismo modo, y como es analizado extensamente en diferentes áreas de las existentes en el Foro, los estudios han revelado que existe una correlación entre la falta de ejercicio y de aptitud física y un determinado número de patologías (obesidad, osteoporosis, dolores de espalda, enfermedades cardiovasculares, alteraciones del metabolismo de los glúcidos y lípidos, problemas psico-sociológicos). De hecho, según Oja y Tuxworth (1995), la mayoría de las funciones fisiológicas correspondientes reaccionan a la actividad física sostenida y regular porque el ejercicio estimula las capacidades funcionales del organismo, mejorando la aptitud física, lo que influye de forma muy favorable en la salud.

Por lo tanto, y en base a toda la literatura especializada existente hoy en día, no tenemos ninguna duda al respecto, la aptitud física presenta una estrecha relación con la salud, determinada en cualquier caso por el nivel de actividad física regular de los sujetos. Ahora bien, para se produzca ese efecto positivo en el estado de salud, la práctica debe ser regular, crónica, sistemática y progresiva, y cuando es así (es decir, ejercicio físico), entonces es el tiempo el factor más determinante.

Ikka Vuori, Director del Instituto UKK de Tampere (Finlandia) y Peter Fentem, profesor en el Nottingham City Hospital Trust (Reino Unido), realizaron en 1995 un interesante informe de toma de postura por parte del Comité para el Desarrollo del Deporte del Consejo de Europa respecto a la relación de la Actividad Física con la Salud (que fue publicado por el Consejo Superior de Deportes de nuestro país en 1996).

En este documento se recogía una síntesis de las principales investigaciones publicadas en el mundo hasta entonces, que recogían conclusiones válidas sobre el impacto de la actividad física en el bienestar individual y en la salud pública, y sobre la cantidad necesaria de actividad física para que se manifestaran esos efectos beneficiosos. En base a esa extensa revisión y actualización, los autores confirmaban ya hace más de 10 años, que:

"La aptitud física adecuada que se deriva de la práctica regular de una actividad física se traduce en la mejora de la forma, el reforzamiento de la autonomía funcional y la independencia psicológica, contribuyendo así a una mejor calidad de vida" (Vuori, Fentem, 1996).

En otro documento de similares características, La Actividad Física para la mejora de la Salud. Guía Europea, también desarrollado por el profesor Ikka Vuori, con la colaboración de Pekka Oja, Nick Cavill y Bart Coumans (1998), se recogían igualmente los principales efectos beneficiosos contrastados de la actividad física regular para la salud. En este caso, apoyándose en el reconocido ``Physical Activity and Health, A Report of the Surgeon General (US)``, (1996). Según los autores de ambos documentos, en relación a los efectos sobre las enfermedades crónicas y los factores de riesgo biológicos, está demostrado que el ejercicio físico regular va acompañado por una disminución de la frecuencia de numerosas enfermedades corrientes que afectan el sistema muscular, el metabolismo y el sistema cardiovascular, en especial, la osteoartritis y las fracturas de origen osteoporósico, la diabetes mellitus tipo 2, la obesidad (con síndrome metabólico), la hipertensión arterial, las enfermedades coronarias, los accidentes cerebrovasculares y las enfermedades vasculares periféricas.

Como introducción genérica al desarrollo de este bloque de contenidos del Foro GanaSalud, vamos a realizar una breve síntesis de una reciente revisión publicada en el Scandinavian Journal of Medicine & Sciences in Sports por Pedersen y Saltin (2006), cuya lectura detallada recomiendo al lector interesado en este ámbito, y muy especialmente al profesional interesado en desarrollar en él su actividad.

PEDERSEN, B.K., SALTIN, B. Evidence for prescribing exercise as therapy in chronic disease. Scand J Med Sci Sports 16 (Suppl.1): pp.: 3-63, 2006.

Se trata sin duda de un extraordinario trabajo que viene a concluir que es necesaria una aproximación más rigurosa al entrenamiento de la población afectada por enfermedades crónicas relacionadas con el estilo de vida, pues de hecho, el efecto positivo es mayor cuanto más específico es el estímulo aplicado.

De esta forma, Pedersen y Saltin (2006) identifican las evidencias científicas disponibles en cada caso, clasificándolas respecto al efecto POSITIVO del ejercicio físico en:

  • Patogénesis de la enfermedad (valor potencial preventivo del ejercicio físico).
  • Sintomatología específica asociada (valor efectivo en la reducción de los síntomas y su cronificación).
  • Aptitud física, cardiorrespiratoria o músculo-esquelética (valor efectivo de mejora de la capacidad física del paciente).
  • Calidad de vida.

De esta forma, los autores clasifican el conocimiento y la experiencia disponible a día de hoy en cuatro niveles:

  • A: Fuerte evidencia.
  • B: Moderada evidencia.
  • C: Limitada evidencia.
  • D: No evidencia.

Así, encontramos que existe evidencia fuerte y suficiente (nivel "A") sobre el efecto positivo del ejercicio en las siguientes enfermedades crónicas:

  • Síndrome Metabólico.
  • DM2.
  • Dislipemia (excepto en la calidad de vida, con un nivel de evidencia "B").
  • HTA.
  • Obesidad.
  • EPOC (excepto en patogénesis, con un nivel de evidencia "D").
  • Cardiopatía Coronaria.
  • Insuficiencia cardiaca.
  • Claudicación intermitente (EVP).
  • Osteoartritis (excepto en la patogénesis, con un nivel de evidencia "D").
  • Fibromialgia (excepto en la patogénesis, con un nivel de evidencia "C").
  • Depresión (excepto en la prevención, con un nivel de evidencia "D").

Por último, reconocen que los resultados son menos concluyentes (aunque siempre positivos) en estos otros casos:

  • Artritis reumatoide (sólo nivel "A" en aptitud física).
  • Osteoporosis (nivel "A" en patogénesis, "B" en el resto).
  • Síndrome de fatiga crónica (nivel "B" en síntomas y aptitud física, nivel "C" en patogénesis y calidad de vida).
  • Cáncer (nivel "D" en patogénesis, "B" en el resto).
  • Asma (sólo nivel "A" en aptitud física).
  • DM1 (sólo nivel "B" en aptitud física).
RSS
Desarrollado por e-Mutation New Media